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jueves, 9 de julio de 2009

Capítulo 2: Bienvenda a Nueva York, Priscilla

Era el nueve de noviembre cuando me desperté por la mañana temprano para prepararme e irme al aeropuerto para realizar el gran viaje a la cuidad mas grande que hayan visto mis ojos. Apenas pude dormir esa noche, no paraba de pensar el gran giro que iba a dar mi vida y como no, no podía evitar sentir ese miedo que me recorria el cuerpo.
No tenía la esperanza de que algún amigo me viniera a despedir y mucho menos Gaia. Que ilusa soy al pensar eso…
- Buenos días la mia vita bella. – me decía mamá mientras bajaba las escaleras media dormida y ausente- ¿Cómo llevas el gran “hasta luego”?
- Apenas he podido dormir, los nervios de hacer el viaje y la despedida me recorrieron el cuerpo esta noche – mi madre me sonrió pero yo apenas me di cuenta ya que veía que mi abuela no estaba- ¿Dónde esta la abuela, mamá? ¿Aún duerme? – pregunté extrañada de que no estuviera allí cuando siempre era la primera en levantarse y dudaba mucho que ese día tan importante se quedara dormida-
- Jajaja no Pris – reía mi madre mientras yo la miraba fijamente con mirada de confusión- fue a despedirse de Nicoletta y tenía pensado llegar antes de que te despertaras pero se vé que se enredó cotillenado con ella, no tardará. Hoy preparé el desayuno yo – Me indicaba un plato con tostadas y mermelada y un tazón de leche con un zumo de naranja al lado-
- Me gustaría decirle mi adiós a Nicoletta mamá… - le dije con tono triste ya que Nicoletta y su hija Roberta fueron las vecinas mas increíbles que podría tener nunca.-Pero el desayuno tiene pinta de estar bueno. – Le dije intentando sacar hierro al asunto porque veía su semblante de tristeza-
- Eso espero cariño – dijo mi madre con una sonrisa que se veía forzada- Pero no digas – continuó- la palabra “Adiós” porque no sé tu pero yo tengo previsto regresar muy pronto a hacer una visita.
- ¡Yo también! – le contesté entusiasmada mientras tenía un trozo de tostada en la mano y mi mamá reía por mi aspecto -
- Buenos días – se oyó abrir la puerta y entrar a mi abuela con su alegría inconfundible- ¡Oh! Priscilla ya estás levantada, cuanto he tardado – decía entre risas y asombro-
- Sí… no he dormido bien esta noche y me desperté temprano – le contesté.
- No te preocupes, el vuelo es muy largo y seguro que caerás rendida en el avión y podrás descansara un poco. Michael nos cojio billetes de primera clase para que pudiéramos descansar bien – respondió mi abuela con una sonrisa de ánimo hacía mi-
- Bueno pero ahora hay que coger fuerzas, un largo viaje nos espera y yo me esmeré a fondo con el desayuno – dijo mi madre intentando que pensáramos lo menos posible en lo que a todas nos daba pena, las despedida…-
Ya estaba lista para marcharme y en el salón de mi casa esperando con una maleta de mano llena de cuatro piezas de ropa que no m entraran en la maleta y algunos objetos personales que no quería dejar. En mi mano estaba Teddie, mi osito de peluche inconfundible. Me lo regalara mi padre el día que nací y le tenía un enorme cariño. Fue testigo de muchos episodios de mi vida que yo confesaba a él como si estuviera hablando con mi padre.
Llevaba puesto algo cómodo. No quería estar incomoda en el avión solo por presumir, no era mi estilo. Llevaba unos jeans oscuros y largos con una camiseta de mangas largas y color naranja (mi color favorito) con detalles en blanco. Mis Converses inseparables negros y una boina de las que solía poner en invierno. Llevaba el pelo suelto y ondulada ya que hacia poco que salí de la ducha y no me apetecía intentar alisármelo para este viaje.
Aún no podía evitar sentir la sensación de ver a Gaia en el aeropuerto, no quería irme con el mal sabor de que ella estuviera enfadada conmigo.
Pero interrumpió mis pensamientos los pasos de mi abuela que bajaban las escaleras.
- Priscilla que rápida – me dijo asombrada porque siempre solía ser la última-
- La despedida está ahí y cuanto antes sea menos dolorosa será… - le confesé con los ojos a punto de echar lágrimas, algo inusual en mi pues apenas lloraba-
Mi abuela dejó las maletas apoyadas en el pasamanos y me dio un fuerte abrazo que yo devolví con lágrimas cayendo de mis ojos…
- Te prometo que volveremos pronto, aunque sea de vacaciones, y que vas a estar muy bien allí, estaré contigo para que no te pase nada malo.
Intentaba consolarme y sabía que lo conseguía. Mi abuela no prometía en vano y si ella decía que iba a volver así sería y que me iba a ir bien no lo dudaba porque si mi madre y ella están conmigo nada malo podrá pasarme, estoy segura.
Oí como mi abuela llamaba a mi madre aún con los brazos rodeando mi cuerpo.
- Elisabetta baja ya que esto se hace cada vez mas difícil. –Dijo mi abuela dirigiéndose a mi madre que aún se encontraba en el piso de arriba preparando todo.
- Ya voy mamá perdona que no encontraba el monedero con el DNI – le respondió ella apurada-
No pasaron 5 minutos cuando mi madre ya bajaba por las escaleras con un rostro de nostalgia mirando hacia el piso de arriba. Entonces me miró a mi, aún abrazada a mi abuela y me dijo:
- Volveremos, siempre estará aquí nuestro hogar y jamás nos olvidaremos de él.
- Si… - me llenó de esperanzas de que algún día volvería allí donde me crié-
Mientras oímos el sonido del taxi que esperaba en la puerta.
Nos montamos camino al aeropuerto…
Al llegar al aeropuerto lo primero que hicimos fue facturar las maletas y encontrar la puerta. Luego nos dirigimos a la entrada a comprar unas Coca- Colas y Fanta de Naranja para mi (mi bebida favorita) No podía dejar de mirar a la puerta pero nadie aparecía…
Llegó la hora de montar y, muy apenada, me fui con la idea de que Gaia jamás me perdonaría lo que hice con nuestra bonita amistada pero estaba siendo muy egoísta conmigo, la necesitaba como nunca y no apareció…

El vuelo fue muy largo y yo me quedé dormida apoyada en mi abuela… Apenas pude dormir a gusto porque mi sueño no podía ser profundo con tal acontecimiento.
Pero, después de infinitas horas, pisamos suelo neoyorquino. Allí estaba Michael con 3 rosas: una blanca que ponía Caterina, una roja que ponía Elisabetta y una naranja que ponía Priscilla. Era un detalle muy bonito por su parte por que él sabía que esto era muy difícil no solo para mi, sino que para las tres.
El camino hasta mi nueva casa fue largo e intenso. Apenas había tema de conversación que no fueran los típicos de un momento incomodo. Pero Michael lo comprendía y nos intentaba animar con bromas que el solía hacer y con abrazos o sonrisas inocentes de las cual el poseía y a nosotras nos encantaba porque mostraba lo bella persona que es. Al girar aquella curva estaba mi nuevo hogar, mi vecindario y a escasos metros, mi nueva escuela. Se me hacía eterno ver como sería todo aquello…

4 imaginaciones*:

Saraa dijo...

Me gusta mucho tu historia. Tee sigo. Tal vez puedas pasarte por mi blog.
Un beso
Saraa

historiadeamorcreciente ♥ dijo...

esta buenismo el blog , me encanto la historia ...deveras eres muy buena...porfa sigue ..♥

besos ...y psa por mi blog si puedes y me dices que tal ...♥

Alba dijo...

Te sigo, tu blog es muy chulo. Si puedes pásate por mis blogs please. Besos.

Kris dijo...

me encanta tu blog... es buenisimo! sigue!! besos!!
pd: si quieres pasate por mi blog a ver que te parece