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miércoles, 8 de julio de 2009

Adiós Verona...

Mi nombre es Priscilla. Nací un invierno de 1994 en una cuidad italiana llamada Verona. Tenía dos padres a los que se le puede poner el adjetivo de mágicos. Pero mi padre murió cuando yo tenía 2 años y apenas lo pude conocer y disfrutar de su presencia. Aún así tengo una madre que siempre me cuidó como si fuera el tesoro mas preciado de la tierra. Pero no pudo disfrutar de mi infancia tanto como le hubiera gustado porque su trabajo se lo impidió. Tenía que sacar el negocio que mi padre le había dejado y con la muerte de él, la tristeza de no tenerlo, yo siendo un pequeño bebé, el nogocio... No sabía como salir de esas... Pero tenía a mi ángel de la guarda, mi abuela, que se vino a vivir con nosotras y así ayudar a mi madre a salir de ese bache de la vida y criarme a mi.

Las vida pasó y poco a poco nos fuímos acostumbrando a la vida que nos había tocado. Gracias a mi abuela, mi madre y ALGO de mis dos familias, parte de ella vive en EE.UU y no podían hacer mucho, pude crecer con amor y muchas ganas de vivir.
Con 7 años mi madre conoció a un hombre. Él era de otra cuidad, incluso de otro país. Vivía en Nueva York, USA, y estaba soltero y sin compromisos. Mi madre se enamoró de él tras muchas conversaciones teléfonicas y alguna que otra visita de él a Verona. Pero ella seguía diciendome que solo eran amigos... Hasta que un día me lo confesó:
- Priscilla, la mia vita bella - me empezó a hablar mi madre como solía hacer con su "mi vida bella" que siempre me decia- ¿Te gustaría que Micheal formara parte de nuestras vidas? Sabes que yo no voy a estar con él si tú no quieres.
Sabía perfectamente que mi madre, siendo jóven y vital, no podía estar sola para el resto de su vida. Algún día yo formaré una vida a mayores y, aunque no la dejaré nunca sola, no podré estar al 100% con ella y si tiene a alguién, como Michael, que la ama y hace feliz ¿Porqué no? Mi respuesta fue clara después de pensar esto:
- Mamá -comencé a hablar- Michael me cae muy bien, es muy divertido y además podríamos ir de vacaciones a Nueva York que tiene que ser muy bonito -coloqué una sonrisa en mi cara para animar la suya extrañada- Te mereces ser feliz porque eres una mujer buena y si lo quieres, adelante. -Ojalá pudiera hacer mas pero mi edad era temprana con casi 8 años...-
Mi madre sonrió ampliamente y me dijo que ibamos a ser muy felices lo que me animó a pensar que nuestras vidas serian a partir de ese instante muy diferentes a la que llevabamos ahora.

Michale nos visitaba cada vez mas y mas amenudo a nuestra pequeña casita de Verona. Cada día se integraba mas en nuestras vidas hasta formar parte de ellas. Con mi abuela se llevaba de perlas y se moría por la comida que ella hacía. Como a mi abuela le encanta cocinar se sentía orgullosa y yo sabía que ese era el mayor píropo que le podían echar. También sabía que no lo hacía solo por agradarla que de verdad le gustaba su comida. Pero ¿a quién no? si cocina de maravilla y yo por su pizza casera me rindo a sus piés.
La relacción entre Michael y mi madre era preciosa. Mi madre tenía cada mañana los ojos llenos de brillo y además estaba mucho mas volcada en mi como nunca estuvo. Se devía a que ella había vendido el negocio y se había ido a rabajar a un comercio y así tenía mas tiempo libre para disfrutar de su vida y de su "la mia vita bella" Y también ¿para que negarlo? podía disfrutar mas de Michael que cada día se veía mas que lo amaba.
Al principio pensaba que mi madre si seguía así podría olvidarse de mi padre y eso no quería que ocurriera. Cada vez que lo pensaba me ponía de muy mal humor y con un pronto egoista cegado por la tristeza. Yo creía que mi madre se daba cuenta y siempre, depués de discutir conmigo, venía a mi cuarto y me daba un abrazo.
Pero no podía negar que mi relacción con Michael al principio estuvo algo marcada por los celos que poco a poco me fuí acostumbrando. Además el era un buen hombre y se veía en su alegría que me quería y siempre hacía todo lo que yo llegará a pedir, para muchos esto es un chollo. Pero no lo vería así...

El tiempo pasó. Mi madre, Michael, mi abuela y yo nos ibamos a menudo de vacaciones a Nueva York.
Era una cuidad íncreiblede bonita. Estaba repleta de gente de todo tipo, siempre andando de un lado para otro. Podias ir vestido lo mas llamativo posible que nadie te miraría ni un segundo. Cosa que no pasaba en Verona y me parecía alucinante.
Además estaba repleto de edificios mas altos de lo que mi vista podía alcanzar. Tenía tiendas por todos los lados y coches circulando por las grandes avenidas que la cuidad poseía. Todo era muy distinto a mi pequeño lugar en donde vivía... Era como una ciudad que parecía no dormir y en ese instante me dí cuenta que el adjetivo que le ponían de "La Gran Manzana" y " La Cuidad Que Nunca Duerme" era el adecuado sin duda.
Yo era feliz estando en Nueva York con mi familia y Michael.

Cuando el verano pasaba y yo volvía a Verona sentía la sensación de estar en casa pero echaba de menos ese movimiento. Siempre llamaba a Gaia, mi mejor amiga, para quedar y darle un regalo que le traía de la gran cuidad. Ella se quedaba alucinada y casi ni creía lo que le decía porque nunca salió de Verona, como mucho conoció con el colegio Florencia por el viaje de fin de curso que nos hicieran.
Gaia era una chica muy agradable hacía mi aunque todo el mundo dice que es my falsa. Es mi mejor amiga y ver la cara que tenía cuando presumia de mi regalo era muy divertido.
Ella y yo siempre salíamos al cine de un pueblo cercano a mi casa y veíamos las películas mas románticas posibles. Nos gustaban esa clase de películas porque soñabamos con un amor parecido al del Casablanca.
Nuestra vida era muy compenetrada, ella vivía para mi y yo para ella.

Pero aquel día de septiembre siempre quedará marcado en mi mente, tan solo enía 13 años... Ese día fué cuando mi madre me propuso una vida mejor. Una vida marcada por un buen colegio de Nueva York, una casa allí y aquí venir en verano o una semana de vacaciones. Una sorpresa que me pilló de sopetón.
Michael lo tenía ya todo mirado por si queríamos irnos ya y así yo poder empezar el colegio. Mi madre no tendría que trabajar ya que él podría ganar para las 3 -por supuesto mi abuela se vendría con nosotros-. A mi madre la idea de no trabajar no le hacía mucha gracia pués jamás fué una mantenida pero sabía que sino trabajaba podría estar mas tiempo conmigo. Esto se lo planteó a Michael. Llegaron a la conclusión que esperarian a que yo me acostumbrara en Nueva York y luego mi madre trabajaría. Claro que yo no había dicho que quería irme a vivir a la gran ciudad... Tendría que dejar todos mis amigos, a Gaia, mi casita en Verona... No sabría vivir en aquella enorme avenida llena de coches. Es cierto que me encanta New York pero ¿para vivir? Pero esa no es lo mas importante. Esta mi madre, ella sí era lo mas importante. Si yo le decía que no ella no podría ser feliz al lado de Michael porque estaba claro que ella no se iba a ir sino era conmigo, la conocía lo suficiente para saberlo sin preguntar. Así que estaba en juego la felicidade de mi madre y la mía, la que yo tenía aquí... No era justo pensar tan egoísta, mi madre había dado todo por mi para que fuera feliz. Y ahora yo tenía la oportunidad de verla sonreir siempre. Además ¿tampoco sería tan malo? estaría mi abuela conmigo, podría hablar por el ordenador con Gaia y los chicos, además que Michale me dijo que podría tener un perro que era casi el sueño de mi vida. Adoro a los perritos y en Verona lo podía tener...
- Que menos que darle esa oportunidad a tu madre Priscilla -pensé para mi- Debo pensar todo lo bueno, todo lo que seré siendo una chica de NY. Además podré estudiar en un gran colegio donde se verán cosas tipo de las películas y quizás así encuentre mi amor verdadero...
Pero no podía dar un paso así sin consultarlo con la persona mas sabia que conozco, mi abuela Caterina. Tendría que preguntarle su opinión a ella, ella sabría como mirar a esto. Así que me fuí a su cuarto. Llamé a la puerta y estaba allí, mirando por la ventana con su libro, con tanta paz que no pude evitar suspirar.
- ¿Qué buscar? ¿Te puedo ayudar? -me dijo con una amplia sonrisa-
- Siento molestar a lo brusco abuela pero tengo una duda que me come por dentro... - le dije con sofocos--
- Creo que ya se de que se trata... Es sobre lo de vivir en Nueva York ¿verdad?
- Sí abuela... He pensado que puede ser una gran oportunidad para la felicidad de mamá y además una gran oportunida para mis estudios pero irme de aquí me dá una angustía enorme... Pensar en vivir en aquella gran cuidad, con nuevos compañeros, nuevos idiomas... No creo que me vea capaz...
- Priscilla -me dijo con voz tierna- son los miedos típicos de estos casos. Cualquiera los tendría en tu situación. Pero me parece que es una gran oportunidad. Verona no se va a mover de aquí, es estará esperando siempre. Además el colegio que Michael te ofrece es un gran colegio para aprovechar y saber que quieres ser en un futuro, que vida eliges. Es cierto que todo es nuevo y la cuidad puede que tenga caos, pero tú ese miedo lo vas a pasar como pasaste muchos otros. Me parece una gran oportunidad, no solo para tu madre sino para las tres ¡que tu vieja abuela quiere vivir sensaciones nuevas! -me reí con ella- Cariño no pienses solo en la felicidad de tu madre, el futuro te depara cosas nuevas y creo que el camino a seguir es irte si eso es lo que venias a preguntar. Pero no debes decidirlo ahora, tu madre te lo dejó bien claro que cuando tú quieras.
- Gracias abuela - le sonreí- es una maravilla hablar contigo
Me fuí a mi cuarto y poder dormir un rato porque la cabeza de dolía de tanto lío en el día de hoy.
Me quedé dormida pero sentí como la mano de mi madre me tocaba mi mejilla y me tapaba. Que momentos tan bonitos son esos, no los cambió por nada. Aquí o en la China mi madre y mi abuela estarán comigo, nos vamos.
Al día siguiente llamé a Gaia y le dije lo que ya tenía claro, nos vamos a Nueva York.
Se lo tomó muy mal, jamás la viera así. Empezó a llorar y me dijo que la abandonaba. Yo le dije que podría visitar Verona cuando quisiera y la llamaría una vez por semana y le escribiría emails todos los días. Pero su consuelo no paró y siguió llorando...
Los días que me quedaban en el colegio Gaia casi ni me hablaba y me sentía fatal pero mis ideas ya estaban claras, o eso pensaba...
Pero no fué hasta el 9 de noviembre cuando pisé tierra estadounidense...

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